sábado, 23 de julio de 2011

Gracias a tí, he sabido afrontar mis problemas como si fueran un chiste malo, una pequeña herida en la rodilla, que se cura a la mañana siguiente de habértela hecho. Es un simple recuerdo que tengo de ti, el olvido. Ya no tengo que superar esos duros días de mi vida, ahora el olvido que tú me dejaste, me sirve para muchísimas cosas, para los problemas diarios, entre otras. ¿Quieres que te diga una cosa? Que aunque todo esto suene requetebien, aún está dentro de mí ese sentido indirecto-directo, la cosa varia, y no puedo liberarme de él. A veces las cosas me entran por un oído y me salen por el otro, y a veces se me entra un asunto entre ceja y ceja, y no lo dejo hasta arreglarlo. Todo tiene su solución, entre otras cosas, tu precioso olvido. Él y tú me habéis demostrado que no tengo que agarrarme a la raiz de las cosas, y si la cosa no va conmigo, pasar de largo y... olvidarme de ello...